Como dice el titulo, quería compartir una de las primeras pesadillas “crónicas” que recuerdo. Esta en particular es de hace mas o menos 3 años, tengo bastante memoria para estas cosas. La verdad es que son un tema bastante interesante para escribir, aunque en mi caso no son una lectura recomendada para niños. (Este 1º párrafo lo estoy escribiendo después de haber escrito el resto, lo empecé por aburrimiento y creo que esta presentable mas o menos, aunque no es gran cosa). Así que allá va.
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La escena empieza de forma tranquila, como si me acabase de despertar, pero parece que soy el espectador de una pelicula. Estoy en una pequeña habitación cuadrada, en lo que parece ser un hospital. Todo esta en blanco y negro, como en la película de Sin City. Estoy durmiendo en la camilla que ocupa casi todo el espacio justo en el centro de la sala, apoyada en una de las paredes. Respiro con dificultad y parece que gracias a una bombona de oxigeno que comunica con una mascarilla que llevo, al lado de un gotero con un liquido transparente “enchufado” a mi brazo. Aún viéndome desde fuera me siento débil, puede que no sea solamente suero lo que me están poniendo.
Continúo como espectador, me doy cuenta de que hay alguien mas; A mi izquierda, sentada bajo la ventana se encuentra una chica de mi edad, de pelo largo castaño. Fijandome en ella veo el cansancio de alguien que ha estado esperando mucho tiempo, parece que leyendo un libro. No logro distinguir su cara, al mirarla tengo la sensación de que esta en un punto ciego de mi vista, desenfocado como si realmente no tuviese cara. De todas formas la conozco perfectamente.
Me despierto calmadamente pero inquieto, no se donde estoy. Miro a mi izquierda y la veo a ella, se da cuenta de que me he despertado y cierra el libro que estaba leyendo. Desvío la mirada hacia la ventana, mucho mas tranquilo. Es como en un comic: Las paredes son blancas como un folio, solo se distingue el dibujo del marco blanco de la ventana, aparte del de la silueta de la chica. Dentro de la misma ventana, donde debería estar el exterior, no se ve nada, como si un agujero negro hubiese absorbido todo, quedando solo oscuridad.
La chica se me acerca, de pronto ya no soy un espectador, estoy en la camilla medio sedado. Levanto con dificultad el brazo para quitarme la mascara de oxigeno, quiero hablar con ella. Un golpe seco en la muñeca me lo impide justo en el momento de intentarlo. Noto algo extraño, dudo por un momento si es algo que se me ha enganchado y vuelvo a tirar. Mi brazo derecho esta esposado a la camilla, me empiezo a poner nervioso. Intento sacar el otro brazo sin éxito, y ya exaltado hago un ultimo intento por incorporarme, pero estoy literalmente atado a la cama de pies y manos. La miro a ella buscando ayuda, parece estar asustada.
Se abre la puerta de la habitación de golpe. Entran 5 personas vestidas de enfermeros y rápidamente me rodean. Entre todos ellos destaca un doctor: Es un hombre alto con una bata blanca, unas gafas grandes que no dejan ver sus ojos, y un “espejo de cabeza” en su frente, limpio y de un reluciente cegador. Su cara, como las del resto de médicos, esta tapada por una mascara de hospital, aunque lo que queda al descubierto es oscuro, todo lo contrario que cuando miraba a la pálida cara de mi amiga.
Ella se intenta acercar desesperada, pero los enfermeros la empujan hacia fuera cada vez que intenta pasar entre ellos. Pido ayuda a gritos, aunque extañamente no se oye nada, como si solo fuesen mis pensamientos. A ella la oía gritar y llorar de la misma forma. Los enfermeros me sujetan con fuerza de los brazos y las piernas esposados, no querían que me moviera. De repente el doctor tenia un bisturí en su mano. Le miro atemorizado. No puedo ver su cara. Aunque me resisto todo lo que puedo, los sedantes y las cuatro personas a mi alrededor conteniéndome no me dejan ninguna opción.
El doctor decidió empezar la operación aún con el paciente despierto. Con sangre fría hundió el bisturí en mi pecho, y bajó hasta pasado el ombligo. Mis gritos y los de mi amiga deberían haber alertado a todo el hospital pero al fin y al cabo no se oía nada. Vuelvo a estar fuera de mi otra vez. Parece que nadie fuera de la habitación sabe lo que esta pasando. Mientras veo como el doctor empieza a “vaciarme”, involuntariamente me voy alejando de la “autopsia” improvisada. Todo se va difuminando en blanco.
Me despierto.
D.Malpica